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jueves, 3 de marzo de 2016

¿Qué sucedió con el cuerpo del padre Charbel tras su muerte?


¿Qué sucedió con el cuerpo del padre Charbel tras su muerte? 

Aún antes, mucho antes de que Charbel fuera declarado santo en 1977 por el papa Paulo VI, máxima autoridad de la Iglesia Católica Romana, ya se le conocía en vida como "el santo ermitaño", pues con sus oraciones y bendiciones, obraba milagros, de esto hubo varios testimonios, como cuando bendecía el agua y con ella curaba personas y animales enfermos.

Ésta fue la razón por la que tanto los monjes como los habitantes de los alrededores del monasterio sintieron gran tristeza por la muerte del padre Charbel aquel gélido 24 de diciembre de 1898. 

Ese día el cuerpo se colocó en una sencilla camilla para transportarlo desde la ermita de San Pedro y San Pablo hasta el monasterio de San Marón de Annaya. El cortejo estaba conformado por el padre Makarios, compañero cercano de Charbel, Miguel Abi-Ramia y el hermano Jawwad, entre otros. Por el camino varias personas les abrieron paso entre la espesa nieve que había cubierto todos los caminos, como solía suceder por las bajísimas temperaturas que se presentaban durante el invierno. 

Los que presenciaban el paso del cortejo fúnebre trataban de besar o al menos tocar el cuerpo del padre Charbel, tan sólo ese pequeño acto y la enorme fe que le profesaban eran suficientes para mitigar un poco la tristeza y para sentir que él les dejaba su protección y sus bendiciones. Las mujeres por su parte, sabedoras de las costumbres del padre muerto de mantenerse alejado de ellas, se resignaban a arrodillarse y persignarse ante la presencia del cuerpo. 

Entre los monjes que cargaban la camilla uno comentó: 
—El frío es insoportable aun cubriéndonos con alguna prenda gruesa, ¿cómo es posible que el padre Charbel haya aguantado 23 años aquí, vistiendo tan sólo un viejo hábito que lo mismo le servía en verano que en invierno? 

Y es que el frío viento atormentaba las manos, la cara, y hasta el aliento de quienes llevaban la camilla. Una vez que arribaron a su destino el cuerpo fue depositado sobre una tabla en la capilla del monasterio y posteriormente el padre superior procedió a anotar en su archivo lo acontecido. 

Posteriormente los sepultureros se ocuparon en quitar una enorme piedra para abrir la bóveda de una especie de cueva construida con piedra, aledaña a la iglesia del monasterio, donde respetuosamente se depositaban los cadáveres de los miembros de la comunidad monacal. Era un lugar pequeño, sencillo y por su supuesto austero, como lo marcan las reglas de la orden maronita; un lugar que solía inundarse y conservar el suelo lodoso la mayor parte del tiempo. 

Al entrar, los hombres colocaron respetuosamente a un lado las osamentas que eran dispersadas a causa del agua que inundaba el lugar, tras escombrar un poco, esperaron a que se llevaran a cabo las exequias del padre Charbel para introducir el cuerpo. Llegado el momento, un cortejo de monjes y demás personas acompañaron a su última morada al cadáver del querido ermitaño. El cuerpo, tan sólo cubierto por su hábito, se colocó en el centro del lugar sobre dos tablas apoyadas sobre piedras, ya que el suelo estaba lodoso. En seguida los sepultureros colocaron nuevamente la enorme piedra de la entrada y la sellaron. 

El primer prodigio que se suscitó tras su muerte fue sobre su propia tumba. 

A los pocos días de la muerte del padre Charbel, algunos lugareños se percataron de que durante las noches una luz iluminaba la tumba donde se encontraba el cuerpo del ermitaño y acudieron al monasterio a informar al padre superior, quien incrédulo les dijo que si volvían a ver el extraño fenómeno le avisaran inmediatamente para corroborar lo que le decían. Los hombres acordaron como señal un disparo de fusil en cuanto apareciera la misteriosa luz. 

El padre superior estaba convencido de la entrega total a Dios que Charbel había hecho en vida y sabía de sus actos milagrosos, pero esto, ¿sería una señal divina? 

Al llegar la noche el padre superior se sobresaltó al escuchar que tocaron violentamente la puerta del convento, se trataba de un grupo de hombres, encabezados por un musulmán que era el prefecto de la zona. 

—Guiados por una luz que iluminaba este lugar, venimos persiguiendo a un hombre, seguramente se encuentra escondido por aquí. 

El padre superior se sintió cada vez más intrigado por la mencionada luz cuando de pronto escuchó la señal del disparo. Salió corriendo de su oficina y, seguido por los recién llegados, se dirigió a la tumba donde se encontraba el cuerpo del padre Charbel. 

—Esa luz ilumina al que en vida fue un santo —dijo conmovido al comprobar que era verdad lo que le habían dicho. 

— i Queremos saber que hay ahí dentro! —dijo el prefecto de la zona. 

—No puedo abrir la tumba a menos que tenga autorización del Patriarca maronita. El prefecto se dirigió a solicitar la autorización y posteriormente se abrió la tumba, que a causa de la luz se había convertido en un lugar de reunión de numerosos fieles, algunos de los cuales hasta intentaban tomar como reliquia algo de los restos del padre Charbel. 

Al momento de abrir la tumba, los ahí presentes se percataron de que una parte del cuerpo del padre Charbel se encontraba entre el agua y el lodo que inundaba el lugar, y a pesar de eso aquél permanecía incorrupto, parecía como si el padre sólo estuviera dormido pues el cuerpo estaba tan flexible y la piel tan suave como cuando estaba con vida, además de que no despedía ningún olor o rastro de descomposición. 

Tras observar esto, el padre superior se dirigió a informar lo sucedido al Padre General de la Orden y al Patriarca, a fin de que le autorizaran exhumar el cuerpo, colocarlo en un ataúd cerrado y en una tumba más apropiada. 

Aunque en un primer momento las autoridades consultadas no estuvieron de acuerdo con lo anterior, al ver la popularidad que había adquirido el ermitaño entre la gente, ya fuera cristiana o musulmana, decidieron aceptar, lo mejor sería colocarlo en un ataúd y trasladarlo a un lugar escondido donde la gente no tuviera acceso a él, pues no se contaba con la autorización eclesíástica para venerarlo como santo. 

El 15 de abril de 1899 se abrió la tumba ante la presencia de un grupo de diez personas conformado por laicos y religiosos, quienes atestiguaron y dieron fe ante la Comisión Eclesiástica de la situación en que se encontraba el cuerpo del ermitaño Charbel: totalmente conservado, a diferencia de la ropa que vestía y que estaba en muy malas condiciones. 

¡No cabía duda, el padre Charbel era un santo! ¡El estado incorrupto de su cuerpo era una señal de Dios! Si no de qué manera se entendía que 932 monjes y ermitaños se hubieran enterrado antes que Charbel, il en la misma tumba, y 20 más después de él, y que todos, absolutamente todos esos cuerpos hubieran experimentado el proceso normal de descomposición, acelerado en gran parte por las condiciones del lugar. 

Aunque algo más que sorprendió a los presentes fue que de un costado del cuerpo de Charbel transpiraba agua con sangre, algo inexplicable para la ciencia médica. Se procedió a cambiarle el hábito y a colocarlo en un ataúd abierto; después lo llevaron a un cuarto contiguo a la iglesia a la que se llegaba subiendo una escalera de piedra. Los superiores consideraban que ahí estaría lejos de sus fieles. 

Pero no se acababan los problemas sino que se presentaban otros. Tres días después de estar en su nuevo lugar, el cuerpo del padre Charbel se hizo notar, pues despedía un extraño olor que aunque no era desagradable sí distraía a los monjes. Lo más grave era que el líquido sanguinolento que salía del cuerpo corría por las escaleras de piedra que conducían a donde se encontraban, con lo cual temían que esto delatara el lugar secreto donde lo habían colocado. 

El párroco del monasterio, padre Joseph Al Kfoury, tomó la decisión de cambiar nuevamente de lugar y con la mayor discreción posible el cadáver. En un principio fue conducido a una de las celdas, pero después el padre, con ayuda de otro monje, lo colocó en una terraza con la esperanza de que se oreara y con ello se secara ese líquido que el cuerpo transpiraba por todos sus poros; además, para evitar que la sangre con agua corriera por los pasillos, se envolvió el cuerpo con dos sábanas a fin de que éstas la absorbieran. 

Todo fue en balde. Luego de cuatro meses en la terraza el líquido seguía empapando las sábanas, las cuales era necesario cambiar todos los días.

Entonces se tomó otra decisión: extirpar los órganos internos, lo cual llevaría a cabo el médico Saba bou Moussa, quien posteriormente declararía que al momento de la operación los órganos tenían la apariencia de una persona viva. La cirugía fue un éxito, pero no la solución para que el cuerpo dejara de emanar el líquido, pues esto continúo de la misma manera. 

Para 1901, la gente suplicaba que se le permitiera ver el cuerpo del amado y milagroso ermitaño. El padre Joseph Al Kfoury autorizó que se le colocara en un cuarto cercano a la entrada del monasterio. Esta vez lo pusieron parado en una vitrina, pues aquél consideraba que de tal manera sería más fácil absorber el extraño sudor al envolverle los pies con las sábanas. Por ese tiempo el doctor Najib el Khoury propuso lo que consideraba la mejor solución para acabar con la transpiración: colocar cal viva en los pies del cuerpo del padre Charbel mientras permanecía en la vitrina. Esto además de absorber el líquido descompondría el cuerpo. 

Pero tampoco funcionó y el doctor declaró que estaba ante un fenómeno inexplicable para la ciencia. 

Algunos monjes consideraban que esa no era una posición adecuada y se le colocó nuevamente en el ataúd, que fue sustituido en 1909 por una caja que donó el doctor Georges Choukralla y en la que permanecería hasta 1927. Este médico, al igual que cuanto especialista se consultaba para dar una explicación sobre la conservación del cuerpo del ermitaño, reconoció que para él se trataba de algo sobrenatural. 

Ante todo esto, los padres superiores de la Orden Maronita decidieron "introducir al tribunal de Roma la causa de beatificación del padre Charbel". Solicitud encabezada por el padre Ignace Dagher, Superior General, en 1925 ante el Papa Pío XI, quien dio la orden de dar inicio a la encuesta eclesiástica, requisito indispensable que consiste en presentar las pruebas de santidad y los milagros obrados del futuro beato, lo cual estaría a cargo del Patriarca. 

En 1926 el cuerpo del padre Charbel se cambió de lugar, pues mientras la Santa Sede no lo autorizara no podría ser venerado. 

Para el 24 de julio de 1927 el cuerpo del ermitaño nuevamente fue exhumado ante un numeroso grupo de gente entre los que estaban miembros de la comisión eclesiástica. El objetivo era dar fe de las condiciones en que se encontraba el cuerpo e informar de la vida y obra del padre Charbel. Todo se plasmó en un documento que también hacía referencia a la "introducción eventual de la causa de beatificación", el cual fue metido en un cilindro de metal. El cuerpo se colocó en una caja de madera que a su vez se puso dentro de una de cinc que contenían el cilindro del reporte. Los ataúdes se metieron en una tumba hecha cerca de la cripta y se colocaron sobre dos piedras.

Transcurrió el tiempo hasta que el 25 de febrero de 1950, se empezó a observar que de la pared de la cripta perneaba un líquido. El Superior General de la Orden, Jean Andary, ordenó que se abriera la tumba para confirmar el estado en que se encontraba el cuerpo. Grande fue su sorpresa al observar que el cuerpo no sólo se encontraba en perfectas condiciones, sino que aún trasudaba y que eso era lo que había traspasado la pared de la tumba. 

Tras haber sido informado de lo anterior, el Patriarca Antoine Arida ordenó, en presencia de médicos y eclesiásticos, una nueva exhumación. Lo que observaron fue lo mismo de ocasiones anteriores: el cuerpo permanecía incorrupto, la ropa se encontraba en malas condiciones al igual que los ataúdes, pues incluso el de cinc se había abierto de la parte de los pies; el cilindro de metal estaba inservible pero aún protegía el reporte de 1927. 

Para entonces los fieles suplicaban por un poco de ese sudor del ermitaño, pues aseguraban que era milagroso y curaba todas las enfermedades. 

Ese año de 1950 se sucedieron innumerables milagros y el cuerpo del padre se volvió a colocar en la tumba tomando todas las precauciones posibles para evitar el saqueo. Pero si los cientos de fieles que llegaban ante la tumba no podían tener algo de la ropa o del sudor del padre, se contentaban con llevarse un puñado de tierra del monasterio o una rama, hoja o incluso corteza del roble bajo el cual el padre Charbel solía hacer oración. 




miércoles, 2 de marzo de 2016

Oración del Trabajo

Oración del Trabajo
(Para pedir trabajo o un mejor trabajo)

Oh Dios, infinitamente santo y glorificado en medio de tus santos, tú que has concebido a San Charbel un ran amor a la regla monástica, en donde la oración y el trabajo son fuente de santidad, te suplico por su intercesión la gracia de santificarme en el ejercicio de un digno trabajo... (se hace la petición).

Oh San Charbel, intercede por mí para que consiga un buen trabajo, en donde me realice como persona y obtenga lo suficiente para el sustento de mi familia. Que lo conserve a pesar de las circunstancias y personas adversas. Que en él progrese, mejore y me sanifique. Amén.

(Padre nuestro, Ave María y Gloria)
San Charbel, amigo de Dios, ruega por nosotros.

Fuente: www.iCharbel.org


Vida de San Charbel: La partida del santo ermitaño


Vida de San Charbel 

La partida del santo ermitaño

Así transcurrió cada día hasta el 16 de diciembre de 1898, cuando el helado ambiente penetraba por cada poro de la piel haciendo difícil hasta el más insignificante movimiento del cuerpo. ¡Cuán enorme debe haber sido el sacrificio de soportar esas bajas temperaturas para el ermitaño Charbel que tan sólo vestía un áspero y viejo hábito y llevaba a cuestas 70 años de edad! 

Aunque eso no impidió que pese el cansancio y la inmolación que los años depositaron en su debilitado cuerpo, el padre Charbel oficiara su acostumbrada misa a las 11 de la mañana. Tiritando de frío, y quizá también de fiebre, llegó el momento de la Consagración, pero al tomar con dificultad la sagrada hostia se sintió estremecer. El padre Makarios que se encontraba presente se apresuró a ayudarlo. En cuanto se sintió repuesto, el padre Charbel continuó, pero al tomar el cáliz y la hostia se volvió a poner mal y su compañero Makarios se colocó la estola para continuar con la celebración, no sin antes asistir a Charbel que había quedado paralizado. 

Ocho días de agonía son los que padeció el santo ermitaño. Ocho días durante los cuales no dejaron de atenderlo y de acompañarlo en su sufrimiento sus hermanos ermitaños. Ocho días en los que el único movimiento que pudo hacer fue con la boca, y fue con ella que rechazó tomar un caldo de carne que le acercaron para alimentarlo, ipor supuesto que no lo tomaría, durante años se había privado de ese alimento y no iba a ser ahora, justo cuando se acercaba el final, cuando faltara a su sacrificio! Fue justo, también con la boca, que continuó en unión con Dios y durante esos ocho días no cesó de repetir las palabras que con tanta entrega decía después de la Consagración, palabras con las que sin duda se sentía identificado. 

Ocho últimos días en que el padre Makarios tuvo la fortuna de gozar de la presencia de su santo compañero, que tras abandonar este inundo dejó sumidos en la tristeza, además de Makarios que se desmayó por no soportar el dolor de la pérdida, al sacerdote secular de Ehmej Miguel Abi-Ramia y al hermano Jawwad que presenciaron la partida, y a toda la comunidad del monasterio así como a la gente de los pueblos aledaños que rápidamente se enteró de lo sucedido al correr la noticia como pólvora a pesar de la nieve que hacía intransitables las calles. 

Ocho días que pusieron punto final a los 23 años que el padre Charbel vivió como ermitaño en ese lugar que muchos de sus hermanos consideraban inhóspito aún en condiciones menos austeras que las que experimentó aquél que ya consideraban santo. 

Ocho días que concluyeron la noche del 24 de diciembre de 1898, fecha en que Charbel o Dios o ambos eligieron para reunirse; una fecha significativa para los católicos por celebrarse el nacimiento del Niño Jesús. 


San Juan Maron 2 de Marzo

San Juan Maron 
2 de Marzo de 2016

El primer patriarca de la Iglesia maronita de Antioquía, elegido durante la segunda mitad del siglo VII D.C. +686

"El justo flocerá, como una palmera, se alzara como un cedro de Líbano, plantado en la casa del Señor". (Sal. 21)".



martes, 1 de marzo de 2016

Falleció en Caracas el joven Charbel Antonio Boutros Boutros

Falleció en Caracas nuestro querido
el joven
Charbel Antonio Boutros Boutros

La Oración el Martes 1 de Marzo de 2016 a las 7:00pm
En la Funeraria del Este-La Guairita

La Oración de Exequias, Miércoles
2 de Marzo, a las 3:00pm
Que su alma descanse en paz.
Todas nuestras profundas condolencias

Misa de Recuerdo
Domingo 6 de Marzo 2016, a las 6:00pm
Por nuestro Querido
Charbel Antonio Boutros Boutros
(28 años)
Dale Señor el descanso eterno y brille para el la luz perpetua.






Charbel, el santo ermitano




Charbel, el santo ermitano 

Transcurrieron 16 años de vida monacal durante los cuales se fue acentuando en el padre Charbel la necesidad de convertirse en ermitaño. Ansiaba esa vida de la que sus dos tíos monjes disfrutaban y que tanto influyeron en su vocación.

Ahí, en el monasterio de Annaya, Charbel tenía contacto con el ermitaño Elichah Hardini —hermano de quien fuera su santo maestro en el monasterio de Kfifan—, quien solía hablarle y aconsejarle como lo hacían sus tíos ermitaños: "Hay que dejar todo para seguir a Dios". Palabras que no hacían sino avivar la llama espiritual que motivaba al humilde y entregado padre a convertirse en ermitaño. 

Charbel sabía que eran cuatro los requisitos que debía cumplir para vivir en la soledad de una ermita: 

1. Haber obtenido los votos religiosos dentro de alguna de las órdenes reconocidas por la Iglesia Católica, en otras palabras, debía ser un monje profeso. 

2. Contar con al menos cinco años vividos en una comunidad monástica. 

3. Realizar la solicitud ante el Superior General para vivir en una ermita y obtener su autorización. 

4. Considerar digno al solicitante al reconocérsele la vocación y entrega a la vida contemplativa en la soledad de una ermita por parte de su superior inmediato, su director espiritual y el Superior General de la Orden.

Respecto a los dos primeros requisitos, Charbel los cumplía en demasía, ya que tenía 22 años siendo monje profeso y desempeñándose digna y extraordinariamente según las reglas que la Orden Libanesa Maronita imponía. Por tanto, ahora debía solicitar la autorización del superior del monasterio, lo cual implicaba una enorme responsabilidad para éste que debía juzgar de manera pertinente si el solicitante merecía el privilegio de ser ermitaño. 

Para entonces, el 13 de febrero de 1875, se suscitó la muerte del padre Eliseo que vivía en la ermita de San Pedro y San Pablo; Charbel consideró prudente la ocasión para solicitar al superior se le permitiera retirarse a vivir en ese lugar que ahora permanecía vacío. 

Consciente de la responsabilidad que implica su decisión el superior prefiere evadir una respuesta al padre Charbel, encomendándole a cambio un trabajo especial. 

—Necesito que me haga un reporte sobre esto —dijo al tiempo que le entregaba varias hojas—. Si es preciso que trabaje durante la noche, hágalo. 

Charbel no insistió en su petición y con humildad y obediencia se retiró a cumplir con lo que se le solicitaba. Al percatarse de que su lámpara se había quedado sin aceite y que requeriría luz para elaborar el reporte se dirigió a la cocina, donde se encontraban dos sirvientes. 

—¿Podrían llenar mi lámpara con aceite?, trabajaré gran parte de la noche —dijo el padre. 

—Deje la lámpara y en un momento se la llevaremos a su celda —respondió uno de los sirvientes. 

En cuanto Charbel se retiró, el sirviente comentó a su compañero su propósito de hacer una broma al padre. 

—Llenaré la lámpara con agua en vez de aceite y nos divertiremos cuando el padre intente prenderla. 

Aunque su compañero en un principio se negó a hacer la jugarreta, terminó aceptando, después de todo se trataba una inocente broma. 

Tras poner agua en la lámpara fueron a la celda del padre Charbel y se la entregaron. Éste les agradeció y cerró la puerta disponiéndose a trabajar. Los dos sirvientes se colocaron justo detrás de la puerta esperando la reacción del padre y quedaron estupefactos al ver que por debajo de la puerta se reflejaba la luz que irradiaba la lámpara recién prendida. 

Ante tal suceso corrieron sorprendidos a buscar al padre superior. 

—Padre, hemos querido jugarle una mala pasada al padre Charbel —confesaron avergonzados los sirvientes—. Llenamos su lámpara de aceite con agua. 

—A estas horas no deberían molestarme con esas cosas —respondió molesto el superior—. Mañana se disculparán con el padre Charbel. 

—Lo hemos venido a ver porque a pesar del agua la lámpara del padre ilumina ahora mismo su celda. 

Ante lo confesado por los dos hombres el superior se dirigió a la celda de Charbel para comprobar lo que le habían contado. 

—Padre Charbel, no son horas de tener luz en su celda, sabe muy bien que hasta en las horas de sueño hay que obedecer las reglas de la Orden —comentó el superior a pesar de que él mismo le había autorizado al monje velar de ser necesario. 

Charbel, quien nunca discutía a pesar de que se le llamara 
injustamente la atención, se disculpó. El superior tomó la lámpara y se dirigió a su oficina, donde con gran sorpresa constató lo dicho por los sirvientes. 

—Definitivamente esto debe ser una señal de Dios —musitó —. Ésta es la señal que necesitaba para tomar una decisión sobre la petición del padre Charbel para permitirle retirarse a vivir en una ermita. 

Al día siguiente el superior solicitó al Superior General la autorización de que el padre Charbel ocupara la ermita de San Pedro y San Pablo, donde permanecería hasta su muerte. La autorización fue recibida e inmediatamente se informó a Charbel que podía tomar posesión de la ermita. 

Sin perder tiempo, el padre Charbel tomó el sinuoso camino que lo conduciría hacia su nuevo hogar ubicado allá, arriba, en la cima, donde en verano el sol quema aún más y en invierno el frío cala hasta los huesos. Nuevamente, como la vez que abandonó la casa de su madre, tan sólo llevó consigo lo que traía puesto junto con la alegría de entregarse totalmente a Dios en medio de la soledad, esa soledad que no todos toleran, pues implica un gran sacrificio humano que sólo los elegidos por Dios poseen y sobrellevan mediante la oración, la contemplación, la penitencia y la austeridad; y ésos sin duda son los que desde ya tienen algo de santos. 

Desde entonces, el padre Charbel "se dedicó al coloquio íntimo con Dios, perfeccionándose en las virtudes, en la ascesis, en la santidad heroica, en el trabajo manual y en el cultivo de la tierra, en la oración", ya que, por ejemplo, rezaba siete veces al día la Liturgia de las Horas. En cuanto a la comida, en Oriente es obligatorio ayunar por las mañanas; sin embargo, Charbel se autoimpuso hacer una sola y raquítica comida al día y vivir en el silencio absoluto. 

En su celda de seis metros cuadrados, el padre Charbel únicamente contaba con una vasija de madera, un cántaro de agua, un taburete y una piedra para sentarse. Aunque a los ermitaños se les permitía dormir un máximo de cinco horas, Charbel sólo descansaba tres, iacostado sobre hojas de roble cubiertas con un jergón, en el suelo!, y su almohada era un pedazo de madera. También tenía un reclinatorio formado con ramas de rosal en el cual acostumbraba pasar varias horas hincado y rezando con los brazos extendidos hacia el cielo. Y por si todo esto fuera poco, portaba el cilicio. Sin duda, era de un grado heroico todo su comportamiento. 

Pero, a la par de esa vida de soledad a la que se entrega los ermitaños, deben realizar algunas actividades junto con el resto de los miembros de la comunidad monástica y los obreros, por tanto deben vivir en una ermita ubicada en las cercanías del monasterio y participar en los trabajos, pero sumidos siempre en un estricto silencio, como lo estipulan las reglas, aunque de ser necesario que el ermitaño hable, deberá hacerlo brevemente y en voz baja; además, eso sí, a no ser por una autorización u orden de sus superiores, el ermitaño no podrá abandonar la ermita. Para el padre Charbel esto no implicaba el menor sacrificio; al contrario, el corazón se le inundaba de alegría al saber que estando enclaustrado sería más fácil llegar a Dios. 

A pesar de cumplir con la regla del silencio, el padre Charbel trasmitía y enseñaba mucho, no con palabras ni con escritos, ya que no dejó nada de esto, pero sí con el ejemplo, que es con lo que predicaba. 

—Cuando aún era estudiante, visité al padre Charbel —platicó el R. P. Juan Andary, quien fuera Superior General de la Orden Maronita—. Él me vio y me hizo una señal para que me sentara, después me dio un libro abierto y me pidió que leyera, se trataba de la historia de San Antonio el Grande; cuando terminé tomó el libro y comprendí que debía retirarme. Sin decirme una palabra me ilustró con el contenido del texto. iÉsa era su manera de predicar con el ejemplo! 

Charbel solía ser enviado por sus superiores a cumplir con algunas visitas a enfermos o a oficiar misas fuera de su ermita. Cuando la gente lo reconocía al pasar avisaban a los demás: "Ahí viene el ermitaño de Annaya". Era imposible no identificado, ya que siempre llevaba la cabeza gacha y cubierta por el capuchón hasta la altura de los ojos a manera de que tan sólo pudiera distinguir el camino por el que iba. Muchos corrían a saludarlo y le besaban la mano o las vestiduras; otros le pedían que bendijera el agua que le presentaban en cántaros, pues era sabido que el padre Charbel obraba milagros, y algunos más tan sólo pedían su bendición. Él, sin embargo, no platicaba con nadie y antes que sentirse halagado por la algarabía de la gente se avergonzaba, y se mostraba más humilde aún. 

Fue durante una de esas ocasiones en que Charbel había salido de su ermita que un hombre le suplicó que bendijera el agua que daría de beber a sus animales, pues estaban enfermos. 

—Padre, sé que con esta agua mi ganado se recuperará —comentó el hombre.

En otra ocasión el padre Charbel recibió la orden de ir a un poblado cercano a visitar a un enfermo. Según el padre Makarios, dos mensajeros fueron por el padre Charbel para acompañarlo; sin embargo, a medio camino aquél se arrodilló y pidió a sus acompañantes que rezaran porque el enfermo acababa de morir; les dijo que ya no se podía hacer nada y que regresaría a su ermita. Poco tiempo después se enterarían en el monasterio de que efectivamente había sucedido lo que el padre Charbel había dicho. 

Y así era, Charbel obraba milagros. Un día llevaron hasta su presencia a un hombre llamado Jibrail Saba, que era considerado el loco del pueblo. Con grandes esfuerzos, ya que era sumamente violento, lograron llevarlo al monasterio de Annaya y mandaron llamar al padre Charbel. Cuando éste le habló, el desquiciado se tranquilizó y permitió que el padre lo condujera a la capilla; ahí le pidió que se hincara, le colocó sobre la cabeza las Sagradas Escrituras y le leyó el Evangelio; al terminar de leer el hombre quedó totalmente sano, tanto que tiempo después decidió vivir en América y formar una familia.

Pero no sólo lograba calmar a los hombres más violentos, sino que también tuvo experiencias con animales, tres de las cuales son las más representativas: 

1. Una noche en que al padre Charbel le tocó velar para cuidar el viñedo vio que unos chacales se metieron al terreno y comieron algunos racimos de uvas. Al día siguiente el padre Makarios, un compañero cercano de Charbel, tras ver lo sucedido le dijo que se había descuidado, a lo que aquél inocentemente respondió: 
—No ha sido descuido, los pobres tenían tanta hambre que sentí pena por ellos y les permití comer un poco. 

2. En otra ocasión, mientras se realizaba la cosecha en el viñedo y se limpiaba el terreno, apareció una enorme serpiente. Los monjes estaban aterrados al ver que no podían matar ni mucho menos controlar al enfurecido reptil que en cualquier momento pretendía atacarlos. Sin saber por qué, el superior pidió que llamaran al padre Charbel, quien se presentó al momento. 
— iNo le hagan nada! Está asustada —pidió a sus compañeros y dirigiéndose a la serpiente le ordenó 
iVete de aquí! Ante la mirada atónita de los ahí presentes el reptil huyó por donde Charbel le había indicado. 

3. En 1885 una plaga de langostas se dirigía hacia Ehmej y a su paso afectaría muchas cosechas, incluyendo las del monasterio de Annaya, pues estos insectos arrasaban con todo tipo de vegetación ocasionando una terrible hambruna entre los pueblos afectados. Al percatarse del peligro que los acechaba, el superior ordenó al padre Charbel que bendijera agua y con ella rociara las plantas. Así lo hizo y con esto evitó que las langostas se acercaran. Entonces los pobladores de Ehmej acudieron con el padre Charbel para que les bendijera agua y con ella protegieran sus cultivos. De esta manera se logró hacer frente a la plaga sin sufrir daños. 

Y así, entre largos periodos de oración y trabajos manuales al día, entre milagros y sacrificios, entre limitaciones heroicas y alegría espiritual transcurrieron 4o años de Charbel como sacerdote; sin embargo, el momento que se convertía en el centro de su existencia era cada mañana a las 11, cuando oficiaba su misa según el rito de su orden, el maronita libanés, y más aún justo después de la Consagración cuando decía: 

i Oh, Hostia deseada que se ofrece por nosotros; víctima justificante que os presentáis vos mismo a vuestro Padre; Cordero que habéis sido sacerdote de vuestro sacrificio! Que nuestra plegaria, oh, Cristo, sea por vuestra bondad un holocausto ofrecido por vos a vuestro Padre. 

iOh!, Padre de verdad, he aquí a vuestro Hijo víctima para satisfaceros: dignaos aceptarlo porque padeció la muerte para justificarme. Aquí está la ofrenda, recibidla de mis manos con complacencia olvidando las faltas que he cometido delante de vuestra Majestad."






Vida de San Charbel: El Sacerdocio


Vida de San Charbel

El Sacerdocio


Poco tiempo después Charbel fue informado por el padre superior de que una vez terminado el noviciado debía continuar preparándose para el siguiente paso: convertirse en sacerdote. Por esta razón es enviado al monasterio de San Cyprien de Kfifan. Para llegar a su nuevo destino —al que se dirigía acompañado de un compañero según las reglas—caminó por largo tiempo hasta cruzar por Mayfouq, el sitio donde inició su noviciado. Sin embargo, el lugar que buscaba 
aún estaba a una hora de distancia. 

Finalmente llegaron los dos monjes ante el superior de San Cyprien, el padre Nehmetallah l-Hardini, quien recibió la carta que los jóvenes portaban y en la que se explicaba el porqué de su presencia. El padre Hardini fue considerado desde su época un santo maestro por la entrega y cariño que mostraba hacia Jesús por medio de su conducta y obediencia como monje y por la devoción que sentía hacia la Virgen María y la Inmaculada Concepción. Ese cariño y respeto hacia la Virgen guarda un lugar importante en la Orden Libanesa Maronita, de aquí que a partir de entonces Charbel empiece a rezar el rosario todos los días, después de todo la Virgen ya ocupaba un lugar especial en su corazón desde que su madre se lo inculcara y trasmitiera en su natal Biqa-Kafra. 

Durante su estancia en este monasterio Charbel comentó al padre Hardini que se sentía feliz porque tras haber sido un simple campesino ahora estuviera preparándose para ser sacerdote, éste le respondió que el sacerdocio era el camino para convertirse en un cristo, ya que implicaba sacrificio y por medio de la vida eremítica se vivía el calvario. 

Fue en este lugar donde Charbel tuvo acceso a diversos libros e información escrita por los padres de la Iglesia que reafirmaron su vocación; se adentró en el exhaustivo estudio de las Sagradas Escrituras y tuvo contacto tanto con materiales que aún eran manuscritos corno con impresos. 

En 1858 a Charbel le tocó presenciar la muerte de su santo maestro, cuya vida fue de total comunión con Dios, predicó con el ejemplo la vida monástica e inculcó el estudio y el sacrificio entre los miembros de su comunidad. 

El 23 de julio de 1859 cuando tenía 31 años Charbel, junto con otros compañeros, fue ordenado sacerdote por el patriarca Paul Massad en Bkerke. 

Al poco tiempo el nuevo sacerdote fue enviado de regreso al monasterio de Annaya, donde pasaría 16 años más antes de permitírsele vivir como ermitaño. 

En Annaya Charbel se reencontró con su anciana madre y con varios miembros de su familia y amigos, todos se dieron cita ahí para recibirlo y felicitarlo por su ordenación como sacerdote. Tras darle diversas muestras de cariño, uno de los que ahí se encontraban le pidió al padre Charbel que oficiara su primer misa en su pueblo natal: Biqa-Kafra. 

Sin embargo, pese a que es una tradición que, mediante una autorización especial, el nuevo sacerdote oficie su primera misa en su pueblo natal, el padre Charbel se rehusó amablemente dejando sorprendidos a los presentes quienes esperaban que diera esa satisfacción a su madre, quien había asistido con grandes esfuerzos a ver a su hijo con el único deseo de recibir su bendición. Él ya había convertido su vida y sus acciones en un sacrificio constante, y sabía que muchas veces los miembros de su comunidad tras haber vuelto a sus lugares de origen debían empezar en el monasterio su preparación como monjes. 

Y es justo toda esta obediencia a las reglas que rigen la orden que lo cobija lo que le permitió desempeñar esa vida de santo que con sacrificio y alegría llevaba, esas reglas que se resumen en obediencia, castidad y pobreza. 

En cuanto a la obediencia, no sólo la guardaba respecto a sus superiores sino también a sus hermanos e incluso a todo aquél que le solicitara algo. Junto con la obediencia practicaba el silencio, pues nunca hablaba de no ser necesario y por lo regular lo hacía sólo y lacónicamente cuando se le preguntaba algo; para Charbel el silencio interno y externo es el que permite una mejor comunicación con Dios, pues de esa manera no existen los distractores, por ello es que posteriormente tendría como objetivo retirarse a vivir en el silencio y la soledad de una ermita. Se dice que en una ocasión el padre Charbel ayudaba a los monjes a labrar la tierra, ya era tarde cuando el superior observó a aquél que apenas se distinguía en un rincón, al preguntarle si ya había comido, Charbel respondió que no porque nadie lo había llamado. Al no avisársele que podía ir a comer él siguió, sin quejarse, labrando a pesar del ayuno de varias horas que llevaba, pues acostumbraba comer sólo una vez al día. 

En otra ocasión, en que los monjes atizaban el fuego en un horno de cal, uno de ellos decidió hacer una broma al padre Charbel. 

—Como ya no hay nada más para avivar la lumbre hemos decidido arrojarlo a usted. 

—Sólo pido que Dios me dé fuerzas para resistirlo —respondió el padre. 

Ante la sorpresiva respuesta el monje se avergonzó y suplicó al padre Charbel que lo perdonara, a lo que éste contestó: "Dios perdona a todos". 

La castidad la cumplió al convertirse en un siervo de Dios, el mejor ejemplo lo mostró al rehusarse a tener contacto incluso con su propia madre aquella ocasión en que acudió a visitarlo al monasterio. Si no se permitió la cercanía con ella menos la tuvo con otras mujeres. Cuando era necesario acudir a atender a algún enfermo, solicitaba que ellas se mantuvieran aparte. 

El padre Charbel, a partir de que inició su vida religiosa, no volvió a dirigir la mirada a ninguna cara, esa era la razón por la que usaba el capuchón a la altura de los ojos. 

Sobre la manera de cumplir con el voto de pobreza tampoco hubo limitaciones. Charbel humildemente la asumió; cuando le era permitido escoger el hábito, se quedaba con el que nadie quería, y además era el mismo que usaba tanto en época de calor como en invierno pese a las bajas temperaturas que solían experimentarse a la altura a la que se encuentra el monasterio de Annaya, 1,3oo metros. Respecto a la comida, se reservaba los panes duros o quemados y la verdura y fruta menos apetecible; de la carne mejor ni hablar, pues desde su entrada al monasterio no la había vuelto a probar. 

Todo esto lo fue encaminando hacia la santidad, pues su comportamiento era sublime tanto en las labores domésticas que se desempeñaban en el monasterio como en las religiosas. El padre Charbel podía estar hasta cinco horas hincado rezando o meditando. Una de las reglas dentro del monasterio era acudir a la capilla a medianoche para cantar el oficio, después todos podían regresar a descansar; sin embargo, Charbel permanecía en la capilla hasta el amanecer y se incorporaba a sus actividades, por lo que hasta sus horas de sueño sacrificaba. 

Otra de las funciones que debían cumplir los miembros del monasterio, además de seguir las reglas de enclaustramiento, era realizar el apostolado y por tanto trabajar en la evangelización de la gente de los pueblos aledaños. Y el padre Charbel solía trasmitir tanta paz y enseñanza espiritual con sus palabras que tanto sus compañeros del monasterio como la gente de fuera acudían a confesarse con él. Los enfermos también pedían que Charbel acudiera a su presencia para darles tranquilidad y muchas veces también les llevaba la salud del cuerpo a la par de la del alma. 

Cuando las personas veían por el camino al padre corrían a besarle la mano y a tocarle los hábitos, pues estaban convencidos de que era un santo. Y efectivamente, Charbel obró milagros también en vida. 

En una ocasión llegó al monasterio un enviado de Rachid Beik el-Khoury, prefecto de Ehmej, un hombre sumamente rico. El hombre pidió al padre Charbel que lo acompañara al palacio de quienes lo habían enviado pues tenían a su hijo Nagib Beik enfermo de tifo y los médicos consideraban que no se salvaría. La madre de éste aseguraba que si el padre acudía ante su hijo, éste recuperaría la salud. Cuando Charbel estuvo frente al enfermo pidió que le llevaran agua, la bendijo y con ella hizo que el enfermo despertara. Lo primero que éste dijo fue: "Padre Charbel", y con ello quedó totalmente recuperado. 





Vida de San Charbel: La vida monástica


Vida de San Charbel

La vida monástica

Al cumplirse los ocho días del periodo de prueba del postulante Youssef, fue aceptado como novicio y le fue entregado su hábito. Cuando alguien entraba al noviciado y no tenía un nombre que correspondía al de un santo, elegía alguno. En el caso de Youssef, que significa José, no era necesario cambiarlo; sin embargo, el joven decidió romper con todo aquello que lo uniera con la vida terrenal de la que a partir de entonces se quería desligar por haber aspectos que lo ataban, como el cariño y recuerdo a su madre y al resto de su familia y amigos; él sentía que ofrecía a Dios un enorme sacrificio al desprenderse de los buenos recuerdos y de su vida anterior, por todo esto fue que decidió cambiar su nombre por el de Charbel, quien fue un mártir de la Iglesia de Antioquía en el siglo II.

Pocos días después, llegan al monasterio de Nuestra Señora de Mayfouq la madre de Youssef y su tío Tanios, a quien ayudaba en las labores del campo. El tío, enfurecido, pide a su sobrino que reconsidere su postura, pues como monje no podrá estar al pendiente de su madre y mucho menos de su sustento, le dice incluso que eso sí que le daría más gusto a Dios, ya que ellos son pobres. Brigitta, resignada, dice a su hijo que ahora que ella es vieja le habría tranquilizado saber que su hijo vería por su bienestar, pero que comprende el llamado que Dios le hace y sólo espera que él se convierta en santo. Ésa sería la última vez que el joven vería a su madre. 

A partir de entonces comienza el periodo del noviciado que estaba conformado por dos años de dura preparación. Charbel se esfuerza desde el principio por imitar la vida silenciosa de los monjes y con gran alegría está siempre dispuesto a obedecer a todos. Las obligaciones de los novicios al interior del monasterio son diversas y nada sencillas: realizar trabajos domésticos como lavar ropa, coser las sotanas, elaborar pan, entre otras. Junto con los monjes debían participar en las celebraciones y demás actividades litúrgicas: "cantar el oficio siete veces por día, levantarse a medianoche para las `nocturnas"'. Todo esto muchas veces iba acompañado de tratos duros por parte de los superiores, pero esto se debía a que tenían que poner a prueba en todos los sentidos a los novicios, con lo cual se aseguraban de que sólo los que tenían vocación se quedaran. 

Cumplido el primer año Charbel fue enviado al convento de San Marón de Annaya, ubicado a dos horas de distancia, para terminar su preparación y obtener los votos. Al recorrer el camino hacia su nuevo destino, Charbel pasa por diversos paisajes de prados, colinas y robles que considera hermosas por ser obra de Dios. En una de las montañas descubre el convento de Annaya y observa una de las colinas más altas de la enorme cadena de montes del Líbano, una que está a 1,300 metros de altitud y en la cual se encuentra la ermita que él habitará posteriormente. 

La preparación que recibió Charbel en el monasterio de Annaya tenía similitudes con la forma en que se desarrolló en Mayfouq, sólo que ahí la exigencia por parte de los superiores era mayor. Él se esforzaba por hacer más de lo que le encomendaban, muchas veces se apresuraba a terminar sus deberes para ayudar a sus compañeros. En cuanto a la obediencia también la desempeñaba de manera rápida y sin cuestionar a nadie. El silencio le parecía un poco más difícil de practicar dado que vivía en comunidad, pero desde su llegada ahí se limitó a responder brevemente cuando se le preguntaba algo; es más, cuando se le reprendía por algo de lo que no era responsable ni siquiera se atrevía a justificarse y asumía el regaño respondiendo: "Perdóneme por Cristo". 

Al cumplirse el segundo año de preparación como novicio, Charbel había aprendido y cumplido con lo que estipulaba la vida dentro del monasterio y las reglas que se debían obedecer. 

La decisión de aceptar a un nuevo monje era un acto solemne por parte de los monjes profesos, encabezado por el padre superior que en Annaya era Antoine el-Bani. Este acto se realizaba después de comer y una vez que los novicios se retiraban. Posteriormente el padre superior pedía a los monjes que votaran en secreto sobre la admisión a la comunidad monacal de un nuevo miembro, para lo cual debían analizar si consideraban que estaba preparado y tenía vocación para ello. El voto se hacía colocando en una de las gorras de los novicios llamada "chali", una semilla de trigo en caso de aprobar o de cebada si no estaban de acuerdo. 

Cuando llegó el momento de votar sobre el porvenir de Charbel, los monjes sólo depositaron semillas de trigo con lo cual aprobaron su ingreso como monje, ellos consideraban heroico el comportamiento de Charbel como novicio. 

Cuando tomó los votos aquél que a partir de entonces sería el hermano Charbel, tenía 25 años de edad y recibía de manos del superior el hábito de monje. 

Ese mismo año Charbel recibió la visita de su madre en el monasterio. Él la saludó a través de una enorme ventana que no permitía que se vieran ni mucho menos que tuvieran algún tipo de contacto fisico, tan sólo podían hablar. 

—¿Me niegas el gusto de verte y abrazarte, hijo? —sollozó Brigitta, su madre. —

Si Dios quiere nos reencontraremos en el cielo —dijo el hermano Charbel. 

Ante esa respuesta tan lacónica la mujer se resignó y se retiró; después de todo comprendía que era el camino que Dios había escogido para su hijo. 

Vida de San Charbel: Llamado de Dios


Vida de San Charbel

Llamado de Dios

Una día de 1851 Youssef abandonó la casa de su madre sin avisar a nadie, era tan de mañana que ninguno de sus familiares se percató de la partida. Él sabía que al informar sus propósitos tal vez tratarían de convencerlo de desistir, empezando por su tío Tanios a quien ayudaba en las labores y que consideraba que su sobrino era más útil trabajando para su familia que enclaustrándose en el monasterio. 

Sin dejar de pensar en la pena que causaría a su madre —pues a pesar de ser tan devota no sería fácil para ella aceptar que su hijo se entregara en cuerpo y alma a Dios— se sintió alentado y aliviado por su único objetivo: SER UN SIERVO DE DIOS, y mientras meditaba le parecía escuchar las palabras de sus tíos ermitaños sobre la satisfacción que sentían al haber renunciado a la vida mundana para estar más cerca de Dios. 

El destino que se había trazado era uno de los monasterios más importantes de la Orden Libanesa Maronita: Nuestra Señora de Mayfouq. El camino fue largo y cansado a pesar de que no llevaba consigo equipaje salvo lo que tenía puesto, pues hasta en eso trató de imitar a Jesús, para ello basta recordar que cuando mandó a sus discípulos a predicar por diferentes ciudades les dijo que no llevaran más que la ropa que vestían y las sandalias que calzaban.

Youssef llegó al monasterio hambriento y sediento y, tras refrescarse en la fuente que ahí se encontraba, fue conducido con el superior, quien al cuestionarlo sobre su presencia en ese lugar, respondió con humildad: "La gloria de Dios y la salvación de mi alma."

El superior le hizo ver que la vida monacal no era sencilla, que se renunciaba al mundo exterior, se cambiaban las comodidades por la austeridad y que debían cumplir con tres principios inquebrantables: pobreza, castidad y obediencia. Youssef sabía por sus tíos ermitaños que la vida dentro del monasterio era una cruz dificil de llevar, pero era el camino que llevaba hasta Dios y respondió sinceramente al superior que nada anhelaba más que seguir a Dios; de esta manera aceptaba esa vida que metafóricamente implicaba una crucifixión, y eso hacía sentir al joven más cerca de Dios. 

En ese momento Youssef fue aceptado como postulante, era la etapa de prueba en la que no sólo los monjes observaban a los recién llegados para determinar si eran o no aptos para ese tipo de vida, era el periodo en que el mismo aspirante a novicio convivía con el resto de la comunidad, obedeciendo sus reglas y a sus superiores y participando en las actividades que realizaban. 

Youssef desde el principio fue obediente y solícito ante lo que le pedía el superior y demás monjes, pues sentía que en cada uno de ellos se encontraba a Dios y que en realidad era a éste a quien servía.

Vida de San Charbel: Juventud


Vida de San Charbel

Juventud

Cuando estuvo a punto de cumplir los 16 años de edad, Youssef se enteró de que sus tíos habían recibido la autorización de retirarse a cumplir con una vida de silencio mundano, pero de comunicación y entrega total a Dios, con lo cual se les permitió vivir en la ermita de Mar Boula (San Pablo). 

La gran influencia que estos monjes ejercieron sobre su sobrino se evidencia en las palabras y consejos que le daban: "Cualquiera que quiera encontrar al Señor, vivir en su profunda intimidad, debe romper con las vanidades del mundo y recogerse en sí mismo... Sin duda, hijo, los que hacen esto pueden ser tratados de locos por los sabios según el mundo, ipero San Pablo nos enseña que la locura según los hombres es sabiduría según Dios!"

Uno de sus grandes placeres es ayunar y asistir a misa, cuyo momento más anhelado es la consagración de la hostia. Y es entonces cuando el adolescente Youssef comienza a escuchar una voz interior que le dice: "Deja todo y sigue a Dios!" 

En agosto de 1848, mientras se celebraba la fiesta de la Asunción, una de las más importantes realizadas en Biqa-Kafra en honor a la Virgen, se llevó a cabo un casamiento y prácticamente todo el pueblo acudió a felicitar a los recién casados. La joven preguntó a Youssef que cuándo se decidiría él a casarse, éste se limitó a no responder; para entonces poco le faltaba para cumplir 20 años y se había convertido en un atractivo hombre. 

Mariam, una de sus compañeras de escuela desde su infancia, no ocultaba el interés que sentía por el joven, pero él sólo tenía un propósito: dedicarse en cuerpo y alma a Dios. Tiempo después, mientras cuidaba a su rebaño de cabras, una se perdió y Youssef angustiado se dedicó a buscarla. "Dios mío, ¿dónde se habrá metido?", pensó. 

Al introducirse en el bosque de imponentes cedros, el joven se quedó maravillado ante la belleza del paisaje y ahí, entre los árboles, divisó un tronco que se había convertido en capilla. Y de nuevo escuchó esa voz que le decía: "iVen, deja todo! ¡Sígueme!" 

Fue entonces cuando Youssef ya no tuvo dudas sobre el camino que debía seguir, pues escuchaba cada vez con mayor claridad el llamado de Dios, ése que tantas veces había esperado. Sin dudar más el joven Makhlouf tomó la decisión más importante de su vida: dedicarse a Dios por medio de la vida monacal. 


Vida de San Charbel: Infancia



Vida de San Charbel 

Infancia 

A 1,600 metros de altitud se encuentra el poblado más elevado del Líbano: Biqa-Kafra, mismo que se ubica a 140 kilómetros de distancia de Beirut, la capital del país, y desde el cual se pueden admirar los hermosos e imponentes cedros que caracterizan a este país. 

El paisaje que rodea a este pequeño pueblo es fascinante en cualquier temporada, pues lo mismo se le puede ver en invierno cubierto totalmente de nieve que en verano encontrarlo envuelto en una enorme alfombra verde y colorida que permite observar las pintorescas casas de adobe que están en derredor de alguna de sus iglesias. Sí, sus iglesias que majestuosas se levantan en ese pueblo que siempre se ha caracterizado por su fervor religioso y su muy particular entrega y cariño a la Virgen María. Hoy en día, incluso, es muy común toparse con alguien que al tiempo que camina por las calles se concentra en rezar el rosario. 

Aquí, donde la mayoría de los habitantes son gente de campo, humilde y trabajadora, un 8 de mayo de 1828 nació el quinto hijo de Antoun Makhlouf y Brigitta Choudiac. Como buenos cristianos, ellos decidieron llevar a la iglesia de Nuestra Señora a bautizar a su hijo a los ocho días de nacido, a partir de entonces ese pequeño se llamaría: Youssef (José). 

El pequeño Youssef fue contagiado por la religiosidad de su familia, ya que su madre todos los días rezaba, hincada y con los brazos en cruz, al tiempo que en una olla se quemaba un poco de incienso; además de que ayunaba y diario asistiría a misa con su bebé en brazos y acompañada de sus hijos e hijas mayores. 

Aunado a esto, Youssef tenía dos tíos maternos que eran monjes de la Orden Libanesa Maronita: Augustin y Daniel al Choudiac que vivían en la ermita de San Antonio de Qouzhaya y de quienes el niño recibiría gran influencia con el paso del tiempo. 

Los primeros años de vida de Youssef transcurrieron en aparente tranquilidad hasta que al cumplir tres se desató una guerra en la que las tropas egipcias invadieron territorio libanés y los turcos comenzaron a engrosar sus filas para repeler a los invasores. Fue así como el padre de Youssef recibió una noche la visita de soldados turcos ordenándole que al siguiente día se presentara temprano, junto con su asno, pues se le había encomendado el servicio de llevar abastecimiento a las tropas. 

Antoun trató de convencer a los soldados de que su familia, conformada por sus cinco pequeños hijos y su mujer, quedaría en el desamparo; sin embargo, los soldados se dieron la media vuelta y se retiraron. 

Pasado un tiempo el padre de Youssef tomó el camino de regreso a casa, pero en el trayecto enfermó gravemente y murió. Brigitta, su mujer, esperó dos largos años durante los cuales se hizo cargo de la educación cristiana de sus hijos y de su sustento, hasta que se convenció de que sin duda había enviudado. 

Transcurrido este tiempo tomó la decisión de casarse nuevamente y para ello eligió a un hombre que además de estar entregado a la iglesia, adoptó el papel de padre para sus cinco hijos: Lahhoud Ibrahim, cuya máxima aspiración era convertirse en sacerdote, lo cual consiguió con el consentimiento de su mujer que en todo momento lo apoyó hasta que fue ordenado con el nombre de Dominique. 

Fue así como el ambiente religioso en que crecía Youssef se volvía cada vez más envolvente pues, aunada a la fe y entrega de su madre, ahora tenía en su propia familia un sacerdote a quien solícito acudía a ayudar durante los oficios que se celebraban en la iglesia, algo que su padrastro sin duda veía con buenos ojos. 

El niño comenzó a adoptar la costumbre de guardarse un poco del incienso que se quemaba durante las celebraciones en la iglesia para los momentos en que él podía alejarse a una cueva a orar. 

Además de ayudar en la iglesia, el pequeño acudía a la escuela, misma que dependía de la iglesia, y donde se enseñaba a escribir, leer, rezar y ayudar en la iglesia durante las misas. Asimismo aprendían arameo, la lengua de Jesús, pues es parte fundamental de las celebraciones de la Orden Maronita. En eso consistía todo el programa de las escuelas en aquella época. 

Sin embargo, los niños de ese pueblo también eran preparados para las labores de pastoreo y como obreros. Y Youssef se sentía afortunado al poder ayudar a su familia con el trabajo que le correspondía, además de que cada día, al sacar a pastar a sus animales, era una oportunidad de agradecer a Dios al ver los paisajes que tenía ante sus ojos, algo que para él era de una belleza infinita.

Eran esos momentos los que Youssef aprovechaba para meterse en una gruta que hacía tiempo había encontrado y en la que cada día acostumbraba rezar frente a una pequeña imagen de la Virgen María y quemar el incienso que tomaba de la iglesia. Ahí se sentía seguro y entregado a Dios y a la Virgen, ya que se encontraba lejos de las miradas y comentarios burlones de los otros chicos que lo llamaban "el Santo" al notar su fe desbordada. Otras veces solía meditar en una roca que le servía de mirador.

Durante todo ese tiempo Youssef siguió frecuentando a sus tíos monjes en el monasterio Saint Antoine de Quzhaya, el cual se encontraba alejado de Biqa-Kafra por el camino que cruza un lugar llamado Valle Santo, distancia que sin duda era larga para un niño como Youssef pero que él recorría con gran placer al saber que al otro extremo del camino compartiría las palabras y el ejemplo monacal caracterizado por la obediencia, la pobreza y la castidad con la que sus tíos vivían entregados a Dios. 



Programación Semana Santa 2016 Iglesia San Charbel - Caracas

Domingo de Ramos, Semana Santa y La Resurrección de Jesucristo.

Iglesia San Charbel - Caracas 2016

Esta Semana es la Semana del Perdón y la Reconciliación

20 de Marzo - Domingo de Ramos
10:30am y 6:00pm Bendición de los Ramos + Procesión

21 y 22 de Marzo - Lunes y Martes
7:00pm Liturgia de la Pasión + Procesión de la Santa Cruz

23 de Marzo - Miércoles
7:00pm Misa / Rito del Candil

24 de Marzo - Jueves de los Misterios
6:00pm Ritual de Lavatorio de pies
8:00pm Una hora con el Santo Sacramento

25 de Marzo - Viernes de la pasión
10:00am Gran viernes de Crucificación + Procesión en la calle

26 de Marzo - Sabado Santo de la Luz
11:30am Plegaria del Perdón
10:00pm Misa de Resurrección (víspera)
Procesión de la Santa Cruz + Bendición

27 de Marzo - Domingo de Pascua
10:30am y 6:00pm Misas de Resurrección
Procesión de la Santa Cruz + Bendición


Felices Pascuas